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lunes

Epílogo


"…Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"




Así Es…

Acaba una etapa y emprendemos

otra nueva en nuestras impermanencias.






Estos escritos…

Comienzan el tres de febrero y terminan el siete de mayo del año dos mil siete

siendo una conexión con el Maestro que vive en todos los seres.


Son simplemente una experiencia vivida, una más.


Vive la tuya: es única.

***





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COMPÁRTELO, SI ES TU DESEO, CON QUIENES QUIERAS. Y QUE TU BENEFICIO SEA SOLAMENTE ESPIRITUAL, QUE REPERCUTIRÁ EN TU VIDA COTIDIANA. COMPARTIR, SIN INTERÉS ECONÓMICO EN ELLO.
 ES PATRIMONIO DE TOD@S.

16- La ceremonia de Wesak

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

16- La Ceremonia de Wesak

Nos despedimos de la aldea de Rennés-le-Château y tomamos la carretera que nos adentraba en los Pirineos. El verdor embellecía un paisaje cada vez más encantador y apacible.
Llegamos, tras circular por sinuosas carreteras, a Artigues. Una preciosa aldea francesa rodeada de montañas con un aroma fresco y entrañable en la que plácidamente viven sus lugareños.
Tras una ligera comida continuamos, con el vehículo, internándonos por la ladera de la montaña hasta aproximarnos a la vertiente más próxima al pico Le Roc Blanc.
Aparcamos y proseguimos andando ascendiendo a través de una estrecha senda ya marcada a través de los siglos. Al poco tiempo las primeras nieves se encontraban ya bajo nuestros pies. El día soleado primaveral nos hacía más confortable la subida y, un arroyo que trasladaba las cristalinas aguas a los valles cercanos nos alivió la sed. Después de unos pocos kilómetros conseguimos llegar a la cima.

Nuestros cansados cuerpos se posaron en la nieve, sobre una roca. Ante nuestros ojos una panorámica inigualable. Nos aquietamos contemplando tan sublime belleza dejándonos impregnar de la energía del lugar.

Meryem pensó en alto:
—Al mismo tiempo, en otro lugar similar, una ceremonia está a punto de comenzar.
—Así es —le confirmé—, un lugar que no aparece en los mapas y sin embargo tan real como en el que nos encontramos.Y continué:
—Un valle donde se dan cita en el plenilunio de Tauro aquellos que expresan en su fuero interno la voluntad enfocada al desarrollo espiritual del ser humano; al despertar de la conciencia para toda la humanidad; al encuentro con el maestro que hay dentro y fuera de uno: La Ceremonia de Wesak.Y con estas palabras, en un instante, nuestros cuerpos de luz dejaron la carcasa que envolvían y en el mismo momento nos encontramos en un valle sin nombre. Advertíamos cómo, a su vez, se aproximaban multitud de almas con vestiduras blanqueadas por sus cuerpos de luz. El lugar cada vez más concurrido. Los peregrinos de la luz fuimos tomando asiento a lo largo y ancho de su extensión, todos en un profundo e íntimo silencio, formando círculos concéntricos. Su centro se quedó sin ocupar y en un momento dado entonamos un antiguo cántico aparentemente perdido en el tiempo...

Sobre el foco central se concentró una esfera luminiscente blanquecina, poco a poco fue transparentándose. Tres siluetas se fueron dibujando en ella; una se percibía resplandeciente como un Sol que no ciega, sin rostro, de ésta surgieron dos rayos de luz que enlazó a las otras dos siluetas entre sí y con ella. A la derecha de la silueta como el Sol, un Ser vestido con una túnica azul dio un paso hacia delante sentándose en silencio; en sus ojos se podía apreciar el Amor más sublime. Sentí su profundidad entrar en mí, todo mi ser parecía un viento mecido hasta convertirse en torbellino a punto de provocar una explosión. A su izquierda el otro Ser hizo lo mismo sentándose también en silencio, su túnica era blanca; sus ojos como el fuego, mas no un fuego que quema sino que purifica.

Absorto en la escena, de pronto noté cómo el vehículo de mi conciencia se elevaba por encima de todos y contemplé una escena que nunca olvidaré: el valle repleto de seres de luz semejante a una flor extendiendo sus pétalos; millones de éstos abriéndose alumbrados por la luz de un Sol que está en su centro. Este Sol, esta esfera de luz, como una burbuja transparente, se fue agrandando abarcando el lugar y trascendiéndole. Seguí ascendiendo y contemplé cómo la esfera cubría el globo terrestre con su manto de Luz. Giré la vista y percibí un rayo de luz inmenso que proveniente del Sol alcanzaba al planeta Venus y rebasándole llegó al centro de la flor. En ese momento volví a encontrarme sentado junto a los demás.

Acto seguido, el Ser “resplandeciente como el Sol” unió los dos rayos que de Él procedían. Los otros dos Seres, a la vez, fueron acercándose hasta que se hicieron uno sólo; sus cuerpos se desvanecieron ante el Ser “resplandeciente como el Sol” y todos los que allí nos encontrábamos. Un punto de luz se fue formando y extendiéndose como un remolino. Al poco, de él, surgió un Ser cubierto con una túnica dorada; me fijé en su rostro, un rostro que es la fusión de los dos anteriores.

Una voz proveniente del Ser “resplandeciente como el Sol” dijo:
—Este es mi Hijo. Es la Luz y el Amor fusionados.
—Hasta ahora visteis sus múltiples efigies a lo largo de las edades, a partir de ahora sólo veréis una. Él no es distinto a vosotros, ni vosotros sois diferentes de Él. Así como vosotros os hacéis uno con vuestra alma, os haréis uno con el Espíritu que os habita desde la eternidad, esto es lo que habéis contemplado hoy. Porque así es para Mí, siempre un presente al que vosotros tendéis por libre elección.
—Es el momento en que todos los velos han de caer; los miedos, los recelos, van a ir dando paso a la confianza y de ésta por la experiencia, a la certeza vivida por todos y cada uno de vosotros. Y no me refiero sólo a los que estáis aquí, todos habéis sido llamados a este evento, pero no todos han atendido la llamada. Sois libres y libres seréis por siempre. Yo seguiré llamándoos una y otra vez hasta que el último de mis Hijos vuelva al Hogar.
—Id cada uno al lugar donde vivís, mas vivid en la Luz y en el Amor, de ese modo seréis un solo ser con vuestra alma y comenzaréis la ascensión hacia algo más grandioso. Vivid vuestra religión con Amor; quienes en su mente y corazón han elegido otros caminos de reunificación, vividlos igualmente con Amor. Pues por Amor estáis hoy aquí, no por vuestro conocimiento y posición social o poder terrenal; éstos no son nada para mí, son sólo herramientas con las que os estáis construyendo día a día, creadas por y para vosotros. Pues creadores sois siempre y cuando vuestra creación ya no os satisfaga, la destruiréis y volveréis a comenzar, una y otra vez, siendo cada vez más perfectos a vuestra imagen y semejanza, que es la mía.Continuó…
—El rostro que habéis visto es el del que viene a vuestro mundo, es el molde, el ideal, el futuro que habéis pedido con vuestras oraciones y es el que habéis creado con Amor. Cuando Él se manifieste entre vosotros le reconoceréis, porque el Amor sólo tiene un rostro, el de la Verdad.
—La Luz que hoy os he dado, mi Espíritu de la Verdad y el Amor, os iluminará en los días oscuros que aún os quedan por vivir; Él os guiará y seréis Uno con Él, Uno conmigo. Y nada habréis de temer pues así como di el Pan de Vida en el pasado, del mismo modo os lo doy a vosotros ahora, no tendréis hambre ni sed. Él hablará por vuestra boca, vuestros actos serán los suyos. Así, por el resto de vuestros días, hasta que os llame a mi presencia y sabréis que sois eternos como eterno es vuestra Madre y vuestro Padre, pues sois todos mis Hijas y mis Hijos: Uno.
—Marchad en paz, con Amor y Verdad, pues éstas son vuestras únicas defensas y mi único Evangelio. Se acerca el tiempo en que la cosecha estará lista. Mi Hijo es el camino hacia Mí y DAR Amor es su único mensaje. DAD todo lo que sois pues sólo así recibiréis. No excluyáis a nadie, mas dejad que cada uno siga su camino, pues todos os llevan a Mí a su debido tiempo, disponéis del que necesitéis...Sin saber cómo, nos encontramos en nuestra carcasa, nuestro cuerpo físico, nuevamente contemplando las cumbres cercanas cubiertas de blanca nieve. El espacio divisado nos empequeñeció aún más y sin embargo nos sentimos acogidos por el Amor de la tierra que pisábamos y del cielo que nos protegía con su manto de Luz.

Nos miramos, nos dimos la mano y reanudamos el camino de vuelta al Hogar. Las palabras sobraban, comprendimos el mensaje vivido unos instantes antes y sabíamos qué debemos hacer. Sonreímos mientras nuestros pies se hundían en la nieve. Meryem tomó un poco de ésta y me la arrojó, hice lo propio y nuestras carcajadas se extendían por las cimas y el eco nos las devolvía amplificadas.


Unas horas más tarde, desde la orilla del lago surgido hace millones de años en el valle cercano a la aldea, avistamos al oriente como emergía la Luna llena sobre el horizonte y al poniente el Lucero con sus destellos reflejando la luz del Sol oculto por poco tiempo.

14- El Santo Grial

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

14- El Santo Grial
 
Alcanzamos Madaba, cerca de Ammán, ya anochecido. A la mañana siguiente Jeshua nos ofreció, con su característica sonrisa, unos billetes de avión.
—No hagáis preguntas —nos dijo—, si los aceptáis son vuestros.Nos miramos y asentimos. Meryem los tomó y vio su destino: Paris. Me los pasó, me fijé en la fecha y horario y la salida era… ¡en dos horas!
No nos quedaba mucho tiempo.
—No os preocupéis —nos recalcó—, ya está todo solucionado, un taxi os espera en la puerta del hotel.En cuestión de segundos recogimos las pocas pertenencias que poseíamos. Nos despedimos de Jeshua con un fuerte abrazo y el corazón acelerado con un… ¡Hasta pronto!En pocos minutos embarcamos en un avión de las Aerolíneas Jordanas…

A la llegada al aeropuerto de Orly un hombre, junto a la salida de pasajeros, destacaba con un cartel con nuestros nombres. Nada nos indicó Jeshua sobre él. Nos aproximamos y él al vernos nos saludó, parecía reconocernos.
—Quizás Jeshua le dio nuestra descripción, ―me comentó Meryem.
—Posiblemente —le contesté.
—¡Hola! —nos saludó—, Jeshua me pidió que os recogiera en el aeropuerto y os entregara un sobre. ¡Tomad!No nos dijo su nombre. Vestía con un traje negro impecable, en la solapa destacaba una insignia con una rosa roja. Todo en él era… intachable.
Nos acompañó hasta el aparcamiento proporcionándonos las llaves de un coche.
—Abrid el sobre y sabréis hacia donde os dirigiréis —nos dijo el enigmático anfitrión.
Sin más se despidió.
Le agradecimos lo que hacía por nosotros e inmediatamente nos introdujimos en el vehículo.
Unos segundos de silencio y un sobre que encerraba nuestro próximo destino nos quemaba en las manos. Así pues, sin dudar más Meryem le abrió, dentro un mapa y un nombre: Rennes-le-Château.

Nos esperaba una larga jornada en carretera hasta alcanzar el sudeste francés.
Llegamos a Carcassonne al atardecer. Paseamos por sus viejas murallas llenas de historia, una triste historia que algunos desean que permanezca en el olvido. Y sin embargo, anclada en el subconsciente resurge una vez más para cerrar viejas heridas que no acaban de cicatrizar.

Recordaba la historia vivida en estas tierras tiempo atrás…

Los cátaros no aceptaban la autoridad de reyes, obispos, ni del Papa. Vivían en la austeridad y entregados por completo con sus semejantes rechazando los bienes materiales, se ganaban el pan con su sudor al contrario de los sacerdotes católicos de la época. Para ellos, hombres y mujeres eran iguales en todo. Todo un peligro para un cristianismo venido de Roma que esclavizaba a los pueblos y discriminaba cuando no negaba a la mujer. Rechazaban la violencia, y en una Europa hastiada de ésta y del autoritarismo sus adeptos fueron creciendo convirtiéndose en un peligro real para el “orden” establecido.
El enfrentamiento con la iglesia de la época debido a las profundas diferencias entre ella y los cátaros hizo que estos últimos fueran exterminados, masacrados, en nombre de un cristianismo que nada tenía que ver con el mensaje de Jesús de Amor y Verdad y sí mucho con el poder terrenal…

Amanecía en Carcassonne, la primavera se sentía en todo su esplendor y el nuevo día prometía ser cuanto menos singular.
Salimos hacia Rennes-le-Château temprano, poco más de media hora de carretera y la colina en que se asienta este pequeño pueblo se abría ante nosotros. Un enclave privilegiado para contemplar un hermoso panorama con las altas montañas pirenaicas al Sur.
Llegamos a la cumbre del monte y paseamos por sus calles llegando a la iglesia consagrada a María Magdalena que tanta controversia genera hoy en día. Pero mejor que las leyendas… impregnarnos del lugar. Después de observarla con detenimiento nos sentamos en un banco, pues el silencio que reinaba nos invitaba al recogimiento.

Una suave música comenzamos a percibir. Meryem y yo, de pronto, nos encontramos en un lugar diferente y atemporal. Ante nosotros una potente luz que nos deslumbraba sin dañar se fue acercando hasta cubrirnos por completo y una Voz nos habló:

—Yo soy la Luz y vosotros el Cáliz.
—Estoy en vosotros como vosotros estáis en Mí. Somos un solo Ser, como fue, es y será por la eternidad.
—La Sangre Real es hoy la Luz que ilumina los corazones y las mentes de quienes buscan la Verdad.
—Mi linaje se perpetua en aquellos que aman y mi Luz os guiará en todos los pasos que deis. Nada debéis de temer pues la oscuridad nada es, su realidad sólo vive en las almas cubiertas con corazas, las cuales están cayendo por momentos y quedando desnudas ante sí mismas.
—Estoy en cada uno y todos los seres. Escuchaos y me oiréis.
—Amo por igual a ricos y pobres; a los que me adoran y me niegan; a quienes me conocen y repudian; a quienes me aman y me odian.
—Poco a poco me encontraréis en vuestro interior, pues no hay uno solo de vosotros que no anhele la liberación y cuando llame a mi puerta se dará cuenta que siempre estuvo abierta para él.
—Mi Hijo pródigo volverá a su Hogar cuando así lo desee. Cuando comprenda que el mundo ilusorio ya no le satisfaga sus deseos, entonces las palabras: “Yo Soy la Verdad, el Camino y la Vida” resonaran en su mente y en su corazón. Un hermano suyo guiará sus primeros pasos como el padre guía las de su pequeño hijo para después dejarle que él elija su camino: senda de iluminación y liberación.

—Y mi Luz les colmará como hoy es una realidad en vosotros.
—Y recordad siempre que el Amor consiste en DAR, pues sólo el que da puede recibir. Dad, compartid mi Luz y ésta se multiplicará y entonces conoceréis. Y aquello que pidiereis de corazón, lo recibiréis.
—Así, este mundo se elevará a sí mismo cuando la rosa esté a punto de abrirse. Seguid regándola y dándole vuestra Luz, entonces la trasplantaré a mi jardín y a vosotros con ella. Aún hay tiempo.La Luz no se fue de nosotros, se hizo una con nosotros. Nos miramos y comprendimos el misterio del Santo Grial, el Cáliz Sagrado.
El Grial buscado desde hace siglos. ¡Cuántos lo buscan y que pocos lo encuentran!

La Voz enmudeció y nos encontramos otra vez sentados. La iglesia se había llenado de feligreses y curiosos, cada uno buscando posiblemente su propio camino de regreso al Hogar.

Salimos y contemplamos en la lejanía cómo las nieves perpetuas cubrían las más altas montañas reflejando el Sol de la mañana.

12- La paz interior

Escrito II
EL CONOCIMIENTO


12- La paz interior

Jeshua nos sugirió adentrarnos en tierras jordanas…
Llegamos los tres a Petra, escondida en el corazón de los montes de Shara en el desierto jordano, tras largas horas de viaje en autobús. Al bajar decidimos adentrarnos andando por el largo desfiladero que nos lleva al alma de una ciudad roja excavada y esculpida en la piedra.

—Estas ruinas ―Meryem nos señaló― nos recuerdan una vez más que estamos de paso en este mundo y cuánto hemos de aprender de nuestra historia, de nuestros errores y aciertos.

—Vamos asentándonos poco a poco ―expuse―, unas veces sobre nuestras ruinas, otras construyendo donde antes no había nada. Creciendo y madurando como seres humanos pasamos de una etapa de la vida a otra, unas veces casi sin darnos cuenta y otras a regañadientes, mas nuestro porvenir no se detiene por ello.

—El cuerpo —prosiguió Jeshua— que fue polvo en la Tierra resurge una y otra vez como el ave fénix, dándonos siempre una nueva oportunidad de madurar aprendiendo y creciendo en un mundo lleno de experiencias que nos van enriqueciendo.
—Y aprender es también perdonarse a sí mismo. Reconocer que no somos perfectos y por lo tanto sujetos a las consecuencias de la imperfección, pero no por ello hemos de flagelarnos y vivir el resto de nuestra vida como si ya el presente y el destino, el futuro, fuera algo inevitable, destructor y amargo.
—El Creador nos habla en el silencio. Él de antemano ya “nos ha perdonado”, aún antes de materializar aquello que nuestra mente nos sugiere que hagamos en contra del Amor como consecuencia de nuestra ignorancia. Reconozcamos sinceramente que no siempre seguimos el camino que nos hemos trazado, que a veces entramos en bifurcaciones que nos llevan a laberintos y callejones sin aparente salida. Mas… siempre hay una salida, es pensar, sentir y actuar con humildad.
—Debemos dejar de vivir construyendo máscaras, colocando una sobre la otra, tantas que ya no reconocemos quién se encuentra al fondo. Y al fondo siempre estarás, estás tú, estoy yo: un ser humano que simplemente vivió su propio destino en libertad… siempre.
—No hay un camino trazado de antemano por nadie, salvo por ti mismo. Tú, yo, nosotros, elegimos nuestro destino y desde luego el que elegimos aún antes de nacer era y es de Amor y Felicidad, y nada impedirá que le vivamos en plenitud. Tenemos todo el tiempo del mundo para comprenderlo y cuando así lo hagamos nos veremos como realmente somos. Habremos despertado de una pesadilla, de un mal sueño y la realidad se abrirá ante nosotros tal cual es.
—Ni siquiera es necesario que nadie nos guíe, en ti, en mí, tenemos al mejor guía que podamos desear, pues estamos hechos de la misma esencia del Sol y de la esencia de la Vida. Somos Espíritu encarnado en nuestra propia creación. Todos somos Dios, nada hay fuera de Él, fuera de ti, fuera de mí, ya que nuestro Espíritu abarca lo creado y lo aún por crear, la plenitud y el vacío. Puedes reconocerte como, no un dios, sino Dios, o negarte el tiempo que desees. Puedes seguir viviendo en el viejo mundo que palidece ante su próxima muerte, o pensar, sentir y actuar como si el nuevo mundo ya estuviera aquí. Porque, y aún os digo más: ¡ya está aquí!
—Únicamente hemos de vivir sin máscaras. Reconocernos tal cual somos y reconciliarnos con nosotros mismos y con la Vida, con quienes nos rodean y logrando que nuestra Voluntad se funda cada vez más con el Amor.
—Quienes sientan como tú nada te tendrán que perdonar, pues saben que el perdón nos lo hemos de dar a nosotros mismos, y vivir en paz, la paz del que se sabe realmente liberado, sin ataduras de ningún tipo.
—Quienes siguen aún los dictados del viejo mundo, no te creerán. Intentarán confundirte y confundir a los demás con malas artes, querrán que juegues a su propio juego que nunca les sacia y no les deja vivir en paz. Pues emprendieron una guerra en realidad contra sí mismos, no contra los demás. Hasta que en un instante de humildad deseen acabar con tan desastrosa situación, entonces y sólo entonces, con este pensamiento, toda su vida cambiará, han pasado el puente que les conduce a sí mismos y al otro.
—Ninguno nacimos instruidos, nos vamos creando como el aprendiz trabaja el barro hasta que consigue darle a la pieza la forma que desea, con esfuerzo, paciencia y constancia. Cada vez él se identifica más con ella y fruto de su experiencia alcanza la maestría, se convierte en alfarero y nuevamente crea formas más bellas y sublimes, de tal modo que se funde con aquella que para él es el súmmum de la belleza.
—Tomémonos el tiempo que queramos para conseguirlo, eso sí, con mucha Voluntad y Amor.

Y con estas últimas palabras resonando en las paredes del desfiladero se abre ante nosotros la majestuosa ciudad escondida de Petra.

La paz se respira en el lugar y en nuestros corazones.

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Ángel Khulman

11 - La resurrección

Escrito II
EL CONOCIMIENTO


11 - La resurrección

 
Nos trasladamos al jardín, un olivo centenario situado en su centro ensalzaba el lugar. Jeshua nos invitó a sentarnos en un viejo banco de piedra. Salió, después de unos minutos volvió con tres vasos de té con hierbabuena, nos los ofreció sentándose frente a nosotros.

—Ahora —comenzó a hablarnos Jeshua—, primera luna llena de la primavera, mi mente se traslada a un tiempo pasado, hace casi dos mil años. Eran días difíciles, pues mis palabras que aun habiendo llegado al fondo de los corazones de algunos fueron tergiversadas, mal interpretadas e incomprendidas por otros. Mi mensaje era claro y sencillo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.
—Aquel que dice que ama a su hermano no debe utilizar la vieja ley del ojo por ojo y diente por diente. Si realmente desea encontrar la paz en su corazón, sus palabras han de ser de paz y más importante: sus obras. Así, si desea compartir esa paz y ayudar a acabar con la verdadera injusticia, sus medios han de ser justos.
—Un manzano sano da frutas sanas, tomad de ese árbol. Muchos serán quienes llegarán en el futuro hablando de amor y paz, sus palabras debéis examinarlas con sumo cuidado, pues vendrán lobos vestidos de corderos intentando confundiros. Manipularán la Verdad. Vosotros sólo habladles de Amor, del Amor que une y que vuestras obras sean un fiel reflejo de vuestro Espíritu. A pesar de ello habrá quienes os calumnien, abominen, traicionen e intenten destruiros en nombre de la Verdad y la Libertad.
—Al igual que yo, moriréis, pues de aquellos que os dicen amar uno os traicionará. Creerá en su ceguera hacer un bien a la humanidad liberándola de falsos profetas que según él, sólo les llevan al aborregamiento, a la prisión de la mente. En su interior, aún asaltándole la duda, tomará la daga que ejecute el homicidio. Mas no sabe que ya está escrita en el libro de la Vida su traición. Que nada escapa al Creador, pues Él viendo en su libre albedrío su debilidad, contempla en su mente la traición y os avisa y aun así sé que le amáis puesto que el odio y el rencor no tienen cabida en vuestros corazones.
—Nada temáis, pues volveréis a la Vida con una fuerza que no es de este viejo mundo, la fuerza que mueve y sostiene el firmamento: el Amor.

Nos miró fijamente y continuó:

—Y recordad que nuestro Padre nos regaló la Eternidad. La muerte no es más que un paso hacia la verdadera Vida; poned el énfasis sobre la Vida y no sobre la muerte, ésta pertenece a los que fomentan el temor en sus múltiples facetas.
—La muerte separa el cuerpo en los elementos básicos de la Vida, no obstante, no es más que un proceso necesario para que toméis un cuerpo que siendo dignos de él, ésta ya no tenga poder sobre vosotros. Estaréis unidos para siempre a la Vida, seréis un solo Ser, un solo Espíritu. Un día, todos pasarán por el mismo proceso, pero aún muchas muertes físicas y sobre todo mentales han de ocurrir.
—El miedo, el temor, han de ceder su lugar al Amor.

Así es, así será.

10 - Los Maestros

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

10- Los Maestros

Entramos a la caída de la tarde en Damasco. Al salir de la estación de autobuses nos adentramos por unas callejuelas cercanas, más bien parecía un laberinto del que no sé si yendo solo podría salir de él.
Al situarnos frente a una casa me llamó la atención su entrada: una puerta de madera antigua con clavos desgastados ―pintados de azul turquesa― y rodeada por un marco de piedra con el puente arqueado.
—¡Ya hemos llegado! —exclamó Meryem—. Mi corazón se aceleraba por momentos, algo me decía que tras la puerta nuestras vidas darían un giro.

La puerta se encontraba abierta. Un patio empedrado en los que los pilares, que sostenían una planta superior, estaban rodeados por rosales trepadores espléndidamente florecidos. Su perfume embriagaba el lugar de una extraña sensación de paz.
Atravesamos el patio entrando a una estancia donde sentado se hallaba un hombre de edad mediana haciendo anotaciones sobre un libro.
Él debe ser el profesor de historia —pensé.
Se levantó al escuchar nuestros pasos. Nos saludó.
—¡Hola, Meryem! ¡Hola, Juan! ¡Bienvenidos a mi casa!
—¡Hola, Jeshua! —contestó ella.
—¡Hola Jeshua! —dije yo.

Al mirarle cara a cara, me percaté de su sonrisa, una sonrisa que me era muy familiar.
Meryem se percató de mis pensamientos y me dijo:
—Tu intuición es correcta, es el maestro Jesús, Hoy, él al igual que tú y yo, tenemos diferentes cuerpos, diferentes apariencias, oficios y costumbres.

—No me consideres tu maestro —dijo Jeshua—, ni siquiera Jeshua es mi nombre actual, como tampoco los que tenéis son los vuestros. No soy tu maestro, somos hermanos y discípulos del Maestro, el Maestro de maestros.
—Hemos llegado hasta aquí no porque seamos especiales, ni hijos predilectos del Padre, Él ama a todos por igual, simplemente hemos dado un paso más en el camino del Amor, el camino de regreso al Hogar.
—El Padre está en cada uno de sus Hijos. La única diferencia reside en el nivel de conciencia, en la capacidad de Amar que cada uno hemos adquirido a través de las edades y de la experiencia vivida, más la Voluntad que ponemos en ello. Y, no hay que olvidar que somos libres de escribir nuestro destino. Tenemos un don: el libre albedrío.
—Nosotros, tomamos en un punto del camino la determinación de no mirar atrás, poner al otro por delante de nosotros…, que la Voluntad del Padre y la nuestra sea Una.
—Mi mensaje, nuestro mensaje, de hace dos mil años es hoy el mismo: “Amarás al prójimo como a ti mismo por encima de todo tipo de separatividad”.—Hoy hay que romper las barreras mentales que se han construido a lo largo de este tiempo. Volver a la esencia de nuestro mensaje: la Paternidad, la Hermandad y la Eternidad. Y estos son los motivos que han hecho que hoy, nosotros y algunos más, nos volvamos a encontrar aquí.
—Que nadie nos busque pues no nos encontrarán, pasamos desapercibidos ya que en nada nos diferenciamos del común de los mortales. Estamos en todos los estamentos de la sociedad, horadándola donde hay que hacerlo, desde dentro; aquella que se va adaptando a la nueva situación que se está creando permanecerá, la que no, ella sola irá desapareciendo.
—No hemos venido como representantes de malos augurios. Quitad el temor de vuestras mentes, éste sólo reside en los que se aferran al pasado, mental y sentimentalmente, y creen que sólo las posesiones materiales son lo importante.
—Nuestro Padre nos da aquello que necesitemos sin necesidad de pedírselo. Y desde luego, lo conseguido a costa del sufrimiento ajeno será arrebatado, pero no por una mal llamada “justicia divina”, pues Él nos ama a todos por igual, sino porque en lo más profundo de nuestro Ser sabemos qué es justo y qué no lo es, por lo que nosotros mismos nos estamos juzgando, condenando y perdonando.
—Él, sólo sabe Amar y cuando así lo deseemos haremos como Él: poner nuestra Voluntad al servicio del otro. No es tan difícil, amplía tu capacidad de conciencia, mira a los ojos al otro; a tu hija, hijo, quizás te resulte fácil; a tu vecino quizás también; ve dando pasos según vas aumentando el tamaño de tu “corazón”, de tu Alma y acabarás amando a aquellos que un día te hicieron daño, a los que hoy te lo hacen y aún a los que te lo harán. No olvides que ellos son los maestros que te señalan tus imperfecciones como tú señalas las de otros. Son tus hermanos como lo somos nosotros, ninguno por encima de nadie y ninguno por debajo de nadie.
—No adores más que al Dios que mora en ti y al Dios en el que vives, los demás somos simplemente… sus hijas e hijos, donde no hay segundos porque somos todos el primero, el Único Hija e Hijo del Creador.

El silencio se hizo presente y el perfume de las rosas entró por las ventanas inundándonos con su Amor. El Amor que reside en toda la Creación y que únicamente sabe compartir su Esencia, su Alma, su Espíritu. El Espíritu que compartimos con El Que Viene y al que estamos preparando su Morada.

6 - La oportunidad

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

6 - la oportunidad

Ensimismado en mis pensamientos no me percaté de la presencia de un extraño junto al auto.

—El camino del Corazón… —escuché. Era la voz inconfundible del Maestro.
—¡Qué diferente sería todo si hiciéramos caso a aquello que nuestro corazón, nuestra alma, desea manifestarnos! ¡Qué testarudos somos y cuántas veces hacemos oídos sordos a su voz! Una voz que nos susurra en sueños, en la sonrisa de un niño, en la mirada de quien te encuentras en la calle, en el saludo de quien no te conoce; en quien con amor te dice: ¡cuidado! para que no sufras, y aún en la enfermedad y la muerte. La voz no deja de hablarnos nunca y a pesar de ello cada vez la escuchamos menos.
—Mi voz —continuó— clamó en el desierto: “¡Padre, ayúdame a comprender! ¡Guíame en la oscuridad de la noche! ¡Hazme un instrumento útil en la realización de tu Propósito! ¡Me faltan las fuerzas!”
—Llegué a sentirme hundido —aseveró—, abandonado, incapaz de poder cumplir con mi promesa. Mas su respuesta no llegaba. Vagué días sin alimento. Creí desfallecer por momentos, nada de lo aprendido parecía sacarme de esta inquietud. Sentí la muerte cercana…
—Pero mi Padre me necesitaba vacío y así me encontró. De Él, entonces, brotaron estas palabras: “Ahora ya estás preparado, limpio y puro. Puedes comenzar a compartir con tus hermanas y hermanos el Amor y la Sabiduría que habita en ti, que eres tú, que Soy Yo”.

—Es necesario que llegue la noche más oscura para poder apreciar con todo su poder la luz del alba que nos iluminará por siempre.
—Al igual que Él me envió en otro tiempo, junto con aquellos a quienes llamó y respondieron a su solicitud afirmativamente, hoy son miles quienes aceptan su llamamiento.
—La Voz ha de escucharse alta y clara en todas las lenguas y en cada rincón de la Tierra que nos acoge con amor, más allá de los límites estrechos de vuestras religiones, y dentro de cada una de ellas. No hay nada que abolir, simplemente transmutar vuestro ser, permitir a la Vida que crezca nuevamente en vosotros; convertiros en quienes realmente sois: Hijas e Hijos del Padre por derecho propio desde aún antes de la Creación.
—Es la respuesta de nuestro Padre a las súplicas de millones de sus Hijas e Hijos, de aquellos que se encuentran en la más absoluta soledad, cansados de sufrimiento y angustia, deseosos de vivir en paz. Pasó el tiempo de la niñez, mas estando aún en plena adolescencia, ya sois capaces de dar pasos por vosotros mismos como adultos.

—Hoy las vestiduras son diferentes. Buscadme, buscadnos en el compañero de trabajo; en la madre, el esposo; en el ateo, el creyente; el científico, el religioso; bajo todos los ropajes imaginables.
—¡Escuchadles!, pues Soy Yo quien habla a través de ellos.
—¡No les sigáis! Seguid únicamente la dirección de sus dedos que señalan a vuestro Corazón, a vuestra Alma, a vuestro Espíritu.

—Yo, el Maestro, ―a quien llamáis el Cristo de los cristianos, el Imán Madi de los musulmanes, Maitreya para los budistas, el Mesías para los judíos, Wanekía para el pueblo indio, el Amor para los amantes y la Sabiduría para los científicos―, estoy entre vosotros visible para los limpios de corazón.
—¡Escuchadles! ¡Por sus frutos les conoceréis! ¡No deis la espalda a la oportunidad que tenéis! ¡No dejéis que sus vestiduras se vuelvan negras por vuestra ceguera y ved en sus ojos limpios, los míos!
—Os pido que sigáis cada uno con vuestra vida. Hacedlo todo con amor. Situaos los últimos, aparentemente nada cambiará en el exterior, será en vuestro interior donde primero lo notaréis, lo demás lo tendréis por añadidura.
—¡Compartid! ¡Amad!
—No es tiempo de una fe superficial. Veréis y creeréis. El Cielo y la Tierra se han aliado para que así sea.

Escuchaba sin pestañear, su sola presencia era para mí todo un acontecimiento. Sin embargo su Ser emanaba simplicidad, convirtiéndole en el mejor amigo que uno pueda tener, con quien todo era confianza y naturalidad. No era amigo de ceremonias sino de abrazos espontáneos y de este modo se despidió de mí señalándome el valle del Jordán…

5- Agua Viva

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

5- Agua Viva


Salí del albergue San Gabriel, sin una clara idea sobre qué hacer en el día, cuando andando me encontré ante un taller de autos. Me llamó la atención un cartel sobre uno de ellos:

«Se alquila, perfecto para viajar al desierto».

Era un viejo Renault-11, su color gris estaba desgastado por los rayos solares, parecía un auto de camuflaje.

¿Por qué no? ―me dije.

Casi sin darme cuenta me encontré conduciendo, con un mapa de Cisjordania y sin rumbo fijo, por carreteras que parecían trasladarme a ninguna parte. No encontraba el interruptor del aire acondicionado. ¡No estaba! Recordaba el cartel: “Perfecto para el desierto”, desde luego lo era pero… ¡para sentir en todo el cuerpo su rigor!

Me detuve tras conducir un buen trecho. Al oriente divisé las fértiles tierras del Jordán; al Sur, más y más desierto. Decidí quedarme donde estaba por un buen rato disfrutando la belleza escondida de estas tierras. Recordé las que me vieron crecer. ¡Qué diferentes paisajes y con todo que parecidas las gentes que las habitan hoy!

Mi espíritu se sentía como un cactus sacado de su desierto natal ―donde lo que de verdad importa está en el interior, el agua viva, presto a compartirlo con quien lo necesite―, fundido con el paisaje que le rodea y llevado a otras tierras, de nieves cuasi perpetuas; trasplantado junto a pinos en un valle precioso, no obstante, regado con lágrimas, donde el odio y el rencor provocan lluvias torrenciales arrasando cuanto encuentran a su paso. ¡Si supiéramos reconducir nuestras bajas pasiones y ennoblecerlas! ¡Aprovechar cada gota de agua y compartirla! Lo tenemos todo y sin embargo cómo lo despreciamos.

Me sentía extraño entre extraños, acostumbrado como estaba a vivir cada instante como único, donde el valor está en el corazón y no en aquello que cada uno posee, pues bien sabía que la posesión era una mera ilusión.

Y paralelamente, en el Plan de nuestro Padre todo está previsto, nuestra libertad de elección no es un obstáculo, sino una consecuencia. Nuestros “errores” no son más que bifurcaciones del camino. Un camino que no está trazado de antemano, que no es rectilíneo y muerto, sino lleno de vida en una eterna e ilimitada espiral.

El camino del Corazón… El reencuentro con lo Sagrado hoy es posible, al igual que lo fue hace dos mil años. Ahora, en otra vuelta de la espiral, tenemos una nueva oportunidad para convertir el sufrimiento del alma en una rosa que abre sus pétalos para recibir los rayos del Sol.

3- La Madre

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

3- La Madre


Llegamos a Nazaret al mediodía. Desde que despertamos no articulamos palabra, aún nos encontrábamos bajo el influjo de lo visto y oído en la noche. El Maestro nos dejó descansar hasta bien amanecido el día, sabía que teníamos que digerir lo vivido en silencio. Y como siempre, dejó que las aguas volvieran a su cauce con calma.

Los ojos del Maestro exultaban vida y, aunque siempre sonreía, ahora desbordaba alegría. Su madre —María—, la encontramos en la plaza ensimismada en la adquisición de especias, éstas le apasionaban. Siempre experimentaba en los guisos y el Maestro era su conejillo de indias y Él acababa siempre diciendo: “Madre, es el amor con que lo preparas el mejor condimento”.

Él se acercó sigiloso a su madre por detrás y le tapó los ojos con las manos, ella se volvió rápidamente, bien sabía quién era. Desde niño, cada vez que podía sorprenderla, sus encuentros se producían del mismo modo. Se abrazaron. Hacía meses que no se veían y las noticias que llegaban eran confusas y siempre temiendo que su hijo cayera en manos de los romanos, o peor aún de Herodes, rey de Judea, pues su fama de crueldad no tenía límite.

Entramos en el hogar del Maestro, de María; una morada humilde como todas las de Nazaret, donde los años transcurrían con lentitud y nada parecía cambiar. El taller de José seguía activo aún después de su muerte. Santiago, hermano del Maestro, se encargó de proseguir los trabajos a la partida de éste.

Ya sentíamos la necesidad de encontrarnos en casa y aquí se hacía realidad. Un poco de reposo y la mano de una madre se echaban en falta.

María nos trataba como a sus hijos, siempre pendiente de todo.

Al atardecer, el Maestro volvía de caminar junto a los olivares. Nos encontrábamos charlando, se sentó con nosotros.

—Recuerda Madre —comenzó Él a hablarnos— que hace un tiempo te manifesté la necesidad de dedicarme a los asuntos de mi Padre —ella aseveró con un gesto.

―Tú, Madre, junto a mi Padre, me disteis la vida; me tuviste en tus entrañas, aun teniendo carencias me alimentaste. Los latidos de tu corazón eran para mí como los rayos del Sol, siempre sentía tu calor y tus manos me calmaban cuando me agitaba.

―Los meses pasaban, los dos sabíamos que un día dejaría tu hogar para seguir creciendo en uno mayor y seguir construyendo el nuestro. No pensaste en ti en ese tiempo, tu deseo era que naciera fuerte y sano, te entregaste por completo a tan digna labor.

―Y así fue como un día vi la luz de este mundo. Un mundo que al igual que tú, ahora nos acoge a todos en sus entrañas; nos alimenta; nos cuida y nos ve crecer sabiendo que un día sentirá los dolores del parto. Dolores que vivirá con amor, pues sabe de nuestro deseo de seguir progresando y que una nueva vida es continuar con los lazos que nos unen y que nunca se separaran.

―Nuestra Madre siempre ira con nosotros allá donde vayamos. Adoptará un nuevo rostro al igual que nosotros y crecerá con nosotros, pues Ella y nosotros somos un solo ser.

―El momento del parto se acerca y el dolor no será más que un abrir y cerrar de ojos; es solamente el miedo ante la incertidumbre, el del abandono de la seguridad en el seno materno por un mundo nuevo a descubrir.

―Nada hemos de temer pues al igual que Ella, nuestro Padre nos cuida y está siempre con nosotros y en nosotros. No temamos al crecimiento, todo nuestro ser se expande pues ese es el deseo de nuestro Padre, nuestra Madre y el nuestro también.

―Cuando éramos niños queríamos ser como nuestros padres; descubrir nuevas tierras; encontrar respuestas a preguntas milenarias; ayudar a convertir el sufrimiento en gozo, dar un paso más en ese sentido hacia nuestra meta.

―Un impulso invisible nos empuja siempre hacia delante. Tomemos la antorcha que nuestros padres nos dan y no dejemos que nunca se apague la llama que nos ilumina el camino hacia el Reino de Dios. Ellos siempre irán con nosotros.

―Nuestro cuerpo cada vez será más glorioso y nuestro Espíritu gozoso de habitarlo.

Tras las palabras del Maestro, Pedro y María de Magdala se levantaron saliendo de la estancia, al poco volvieron con una sabrosa y sencilla cena preparada por María.

―¡Nada como el amor de una madre! —exclamó Juan.

Todos nos reímos.

14- Por las tierras de Judea

Escrito I
2ª parte EL AMOR


14- Por las tierras de Judea


Un nuevo día amanecía soleado.

Hoy abandonaría la ciudad de Jerusalén. Me desperté con un nombre en mi mente: Tabor. No lo dudé un instante, recogí mis pocas pertenencias que cabían en una pequeña mochila.

Me dirigí a la estación. El autocar estaba a punto de salir en su ruta hacia Nazaret. Por poco le pierdo pero… ya estoy sentado en él y dejando atrás una ciudad que siempre estará en mi corazón, a la que sin duda volveré.

Poco más de cien kilómetros separan ambos lugares, sin embargo unos acontecimientos les unen para siempre en mi alma: Tabor. El pasado vuelve a mí como si ahora estuviera ocurriendo…


El Maestro me despertó cuando los gallos aún no habían saludado el nuevo día.

—¡Juan, levanta! —me dijo en voz baja—. ¡Salimos de viaje, nos espera una larga jornada!

En poco tiempo me encontré junto a la puerta de la casa de José de Arimatea. Allí estaban Pedro, María y el Maestro esperándome.

—¡Vamos, dormilón! —entre risas me decía María—. ¡Toma este fardo, eres más joven y tienes buena espalda!

—¿Dónde vamos? —pregunté.

Nadie pareció escucharme. Nos despedimos de José, mientras el resto de la gran familia seguía durmiendo aún.

El Maestro salió a paso ligero. Tomé mi cayado y los tres le seguimos intentando alcanzarle. Enseguida dejamos atrás las últimas viviendas de Jerusalén, tomando el camino hacia el norte, el que lleva Samaria. Él redujo el paso y se lo agradecimos y al cielo también, pues unas nubes casi le cubrían por completo.


Pronto nos encontramos con una caravana procedente del valle de Hebrón con destino a Samaria y Esdrelón. El Maestro fue reconocido por algunos de sus integrantes, esto hizo que paráramos a descansar un poco y a compartir un ligero desayuno.

Nos pusimos al día sobre cómo estaba la situación en la ruta, dado que algunos la recorrían asiduamente en ambos sentidos. Parece que habría unos días de calma tras la detención de unos salteadores, así pues el recorrido sería seguro. Se discutía de la suerte de estos ladrones, todos parecían estar de acuerdo que murieran como castigo a sus desmanes.


El Maestro, que hasta entonces permanecía callado, dijo:

—¿Quién tiene la potestad de dar o quitar la vida sino el Dios que nos creó? Ningún ser humano tiene el poder de castigar con la muerte sin que acarree sobre sí una deuda que deberá saldar en el tiempo con el sacrificado.

—Ni quien robe o haga daño a otro vivirá en paz hasta que no se perdone a sí mismo, se reconcilie con él y restituya el daño que ha ocasionado.

—Todos hemos de encontrar la paz en nuestros corazones, perdonando y siendo perdonados.


Tras un largo mutismo, el Maestro se levantó exhortándonos a seguirle. Pronto dejamos atrás la caravana, aún escuchábamos en la lejanía las voces de la acalorada discusión que siguió al silencio.

El resto de la jornada transcurrió sin sobresaltos, llegando a la región montañosa del Sur de Samaria al anochecer. El Maestro nos veía agotados y a Él también se le apreciaba el cansancio.

Atrás quedaban las tierras de Judea.


Nos apartamos del camino y junto a unas rocas nos sentamos. María sacó de una bolsa pan ácimo y lo repartió. Aunque estábamos acostumbrados a comer austeramente, nuestro cuerpo nos lo agradecía.


—¡Gracias María! —le dijo Pedro.


María le sonrió. El Maestro repitió el gesto mirando a ambos. Parecía que el viaje les estaba sentando bien.

El día siguiente seguramente sería tan agotador como el de hoy, aunque no sabía el destino, intuía que se encontraba más allá de Samaria.


Enseguida el cansancio nos sumió a todos en un sueño profundo.
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