Mostrando entradas con la etiqueta cristo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cristo. Mostrar todas las entradas

lunes

Epílogo


"…Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros"




Así Es…

Acaba una etapa y emprendemos

otra nueva en nuestras impermanencias.






Estos escritos…

Comienzan el tres de febrero y terminan el siete de mayo del año dos mil siete

siendo una conexión con el Maestro que vive en todos los seres.


Son simplemente una experiencia vivida, una más.


Vive la tuya: es única.

***





DESCARGA EL LIBRO EN ESTE ENLACE: AL ENCUENTRO CON EL MAESTRO
COMPÁRTELO, SI ES TU DESEO, CON QUIENES QUIERAS. Y QUE TU BENEFICIO SEA SOLAMENTE ESPIRITUAL, QUE REPERCUTIRÁ EN TU VIDA COTIDIANA. COMPARTIR, SIN INTERÉS ECONÓMICO EN ELLO.
 ES PATRIMONIO DE TOD@S.

17- Yo Soy Uno



Escrito II
EL CONOCIMIENTO

17 - Yo Soy Uno


En el silencio de nuestras mentes, en la calma de nuestros cuerpos, supimos y conocimos. Escuchamos la Voz del Sin Nombre:
—Dejad que vuestros corazones se abran como una flor y así, a través de ésta, descubridme, sentidme, amadme.
—Yo Soy y me reconozco en mi Creación.
—Yo Soy el Ser manifestado en cada instante.
—Una sola Conciencia emana de mi Ser profundo.
—Yo Soy Uno con “Mi” personalidad en Cuerpo y Alma encumbrados.
—Ya no hay dualidad sino Unidad…

—Mi Espíritu, mi Alma, mi Cuerpo, son Uno y Yo Soy Uno con Ellos y en Ellos.
—Ellos ya no son Ellos sino Yo.
—La Trinidad es Una y Yo Soy Uno con Ella y en Ella…—Mi Vida es Una y múltiples mis manifestaciones y aun así sigo siendo Uno.
—He transmutado la palabra “Tú” y la convierto en “Nosotros”.
—Y Nosotros y Yo somos Uno, no hay dualidad.
—Yo Soy el único Yo Soy.
Continuamos en silencio, de pronto, me sentí fuera y dentro de mí a la vez y una espesa bruma me envolvió. Mi conciencia se expandió. Contemplé un rostro joven y otro longevo, más el que nunca se muestra. La Voz prosiguió:
—Cuando me sentís alejado e inalcanzable es sólo el juego de vuestras mentes por seguir siendo quienes tomen las decisiones, cuando en realidad vuestras mentes solamente son una herramienta mía para reconocerme en mis emanaciones.
—Creé la palabra “tú” y “él” para tomar cierta distancia de Mí mismo y en la lejanía poder reconocerme en mi Creación. Y en un rincón del cosmos, hoy, ahora, en este pequeño mundo… Yo Soy...

—…He unificado el Cielo y la Tierra en Mí.
—Mi Hija y mi Hijo no son sólo mi Hija y mi Hijo, Soy Yo.
—Extendí mis brazos en Ellos, mi Hija y mi Hijo primigenios, y hoy en Ellos me manifiesto como en La Realidad Yo Soy: un solo Ser.
—No es a Ella y Él a quien veis. Yo Soy a quien veis en Ellos, pues Ellos y Yo somos Uno. Si Le contempláis, ya sea en unidad o dualidad, os reconocéis a Vosotros mismos y Me descubrís.
—Así, en el pasado con sus ejemplos os señalé el Camino, tanto en la Renunciación del mundo ilusorio como a través del sacrificio del ego en la Crucifixión; también os mostré la Esperanza en la Iluminación, en la Resurrección y en la Ascensión.
—Hoy, en una vuelta más de la espiral de la Vida, viviréis la Unificación del Ser de la Luz Dorada. La gran Profecía no revelada aún se hará una realidad en este mundo y se convertirá en un ideal a alcanzar por la Humanidad, que todos lograréis pues en la Realidad ya Es…
—…Aquietad vuestros intelectos, vaciad vuestras mentes, llenad vuestros corazones; sólo así os reconocéis, sólo así me conocéis.
—Mi Voluntad… vuestros Deseos. Vuestras Esperanzas… mi Voluntad.
—Unifico cada día un poco más en todos Mi Camino de regreso al Hogar.
—Recordad, sólo el Amor es la llave que abre la puerta a la Vida…
—Y, conoced que no sois distintos a Mí.
—Y viviréis cada instante con más intensidad y diréis: Yo Soy.
—Y sentiréis que Yo Soy quien en La Realidad siempre Es.
—Tú y Yo Somos Uno.
—Vosotros y Yo somos Uno.
—Uno…

—…Decid con el Cuerpo, con el Alma, con el Espíritu…“Yo Soy”, porque en verdad así Es...

—El Maestro que habéis buscado siempre ha estado con y en vosotros y es quien os ha ido señalando el Camino hacia Vosotros mismos, hacia Mí.
—Vuestro verdadero Maestro es vuestro propio Espíritu: El Cristo que sois, el verdadero “Yo Soy”.
—Siempre estuve dentro de cada uno de vosotros; siempre estáis dentro de Mí.
—Porque, no lo olvidéis: Tú no eres Tú; Vosotros no sois Vosotros: Soy Yo.
—El Amor es quien nos une. Éste es todo el Conocimiento que precisáis, que existe en la Realidad...

—Yo Soy… Uno, en el Cielo y en la Tierra. La Voz cesó y… ya no somos más dos, sino UNO en “Dos”.


*
*    *

16- La ceremonia de Wesak

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

16- La Ceremonia de Wesak

Nos despedimos de la aldea de Rennés-le-Château y tomamos la carretera que nos adentraba en los Pirineos. El verdor embellecía un paisaje cada vez más encantador y apacible.
Llegamos, tras circular por sinuosas carreteras, a Artigues. Una preciosa aldea francesa rodeada de montañas con un aroma fresco y entrañable en la que plácidamente viven sus lugareños.
Tras una ligera comida continuamos, con el vehículo, internándonos por la ladera de la montaña hasta aproximarnos a la vertiente más próxima al pico Le Roc Blanc.
Aparcamos y proseguimos andando ascendiendo a través de una estrecha senda ya marcada a través de los siglos. Al poco tiempo las primeras nieves se encontraban ya bajo nuestros pies. El día soleado primaveral nos hacía más confortable la subida y, un arroyo que trasladaba las cristalinas aguas a los valles cercanos nos alivió la sed. Después de unos pocos kilómetros conseguimos llegar a la cima.

Nuestros cansados cuerpos se posaron en la nieve, sobre una roca. Ante nuestros ojos una panorámica inigualable. Nos aquietamos contemplando tan sublime belleza dejándonos impregnar de la energía del lugar.

Meryem pensó en alto:
—Al mismo tiempo, en otro lugar similar, una ceremonia está a punto de comenzar.
—Así es —le confirmé—, un lugar que no aparece en los mapas y sin embargo tan real como en el que nos encontramos.Y continué:
—Un valle donde se dan cita en el plenilunio de Tauro aquellos que expresan en su fuero interno la voluntad enfocada al desarrollo espiritual del ser humano; al despertar de la conciencia para toda la humanidad; al encuentro con el maestro que hay dentro y fuera de uno: La Ceremonia de Wesak.Y con estas palabras, en un instante, nuestros cuerpos de luz dejaron la carcasa que envolvían y en el mismo momento nos encontramos en un valle sin nombre. Advertíamos cómo, a su vez, se aproximaban multitud de almas con vestiduras blanqueadas por sus cuerpos de luz. El lugar cada vez más concurrido. Los peregrinos de la luz fuimos tomando asiento a lo largo y ancho de su extensión, todos en un profundo e íntimo silencio, formando círculos concéntricos. Su centro se quedó sin ocupar y en un momento dado entonamos un antiguo cántico aparentemente perdido en el tiempo...

Sobre el foco central se concentró una esfera luminiscente blanquecina, poco a poco fue transparentándose. Tres siluetas se fueron dibujando en ella; una se percibía resplandeciente como un Sol que no ciega, sin rostro, de ésta surgieron dos rayos de luz que enlazó a las otras dos siluetas entre sí y con ella. A la derecha de la silueta como el Sol, un Ser vestido con una túnica azul dio un paso hacia delante sentándose en silencio; en sus ojos se podía apreciar el Amor más sublime. Sentí su profundidad entrar en mí, todo mi ser parecía un viento mecido hasta convertirse en torbellino a punto de provocar una explosión. A su izquierda el otro Ser hizo lo mismo sentándose también en silencio, su túnica era blanca; sus ojos como el fuego, mas no un fuego que quema sino que purifica.

Absorto en la escena, de pronto noté cómo el vehículo de mi conciencia se elevaba por encima de todos y contemplé una escena que nunca olvidaré: el valle repleto de seres de luz semejante a una flor extendiendo sus pétalos; millones de éstos abriéndose alumbrados por la luz de un Sol que está en su centro. Este Sol, esta esfera de luz, como una burbuja transparente, se fue agrandando abarcando el lugar y trascendiéndole. Seguí ascendiendo y contemplé cómo la esfera cubría el globo terrestre con su manto de Luz. Giré la vista y percibí un rayo de luz inmenso que proveniente del Sol alcanzaba al planeta Venus y rebasándole llegó al centro de la flor. En ese momento volví a encontrarme sentado junto a los demás.

Acto seguido, el Ser “resplandeciente como el Sol” unió los dos rayos que de Él procedían. Los otros dos Seres, a la vez, fueron acercándose hasta que se hicieron uno sólo; sus cuerpos se desvanecieron ante el Ser “resplandeciente como el Sol” y todos los que allí nos encontrábamos. Un punto de luz se fue formando y extendiéndose como un remolino. Al poco, de él, surgió un Ser cubierto con una túnica dorada; me fijé en su rostro, un rostro que es la fusión de los dos anteriores.

Una voz proveniente del Ser “resplandeciente como el Sol” dijo:
—Este es mi Hijo. Es la Luz y el Amor fusionados.
—Hasta ahora visteis sus múltiples efigies a lo largo de las edades, a partir de ahora sólo veréis una. Él no es distinto a vosotros, ni vosotros sois diferentes de Él. Así como vosotros os hacéis uno con vuestra alma, os haréis uno con el Espíritu que os habita desde la eternidad, esto es lo que habéis contemplado hoy. Porque así es para Mí, siempre un presente al que vosotros tendéis por libre elección.
—Es el momento en que todos los velos han de caer; los miedos, los recelos, van a ir dando paso a la confianza y de ésta por la experiencia, a la certeza vivida por todos y cada uno de vosotros. Y no me refiero sólo a los que estáis aquí, todos habéis sido llamados a este evento, pero no todos han atendido la llamada. Sois libres y libres seréis por siempre. Yo seguiré llamándoos una y otra vez hasta que el último de mis Hijos vuelva al Hogar.
—Id cada uno al lugar donde vivís, mas vivid en la Luz y en el Amor, de ese modo seréis un solo ser con vuestra alma y comenzaréis la ascensión hacia algo más grandioso. Vivid vuestra religión con Amor; quienes en su mente y corazón han elegido otros caminos de reunificación, vividlos igualmente con Amor. Pues por Amor estáis hoy aquí, no por vuestro conocimiento y posición social o poder terrenal; éstos no son nada para mí, son sólo herramientas con las que os estáis construyendo día a día, creadas por y para vosotros. Pues creadores sois siempre y cuando vuestra creación ya no os satisfaga, la destruiréis y volveréis a comenzar, una y otra vez, siendo cada vez más perfectos a vuestra imagen y semejanza, que es la mía.Continuó…
—El rostro que habéis visto es el del que viene a vuestro mundo, es el molde, el ideal, el futuro que habéis pedido con vuestras oraciones y es el que habéis creado con Amor. Cuando Él se manifieste entre vosotros le reconoceréis, porque el Amor sólo tiene un rostro, el de la Verdad.
—La Luz que hoy os he dado, mi Espíritu de la Verdad y el Amor, os iluminará en los días oscuros que aún os quedan por vivir; Él os guiará y seréis Uno con Él, Uno conmigo. Y nada habréis de temer pues así como di el Pan de Vida en el pasado, del mismo modo os lo doy a vosotros ahora, no tendréis hambre ni sed. Él hablará por vuestra boca, vuestros actos serán los suyos. Así, por el resto de vuestros días, hasta que os llame a mi presencia y sabréis que sois eternos como eterno es vuestra Madre y vuestro Padre, pues sois todos mis Hijas y mis Hijos: Uno.
—Marchad en paz, con Amor y Verdad, pues éstas son vuestras únicas defensas y mi único Evangelio. Se acerca el tiempo en que la cosecha estará lista. Mi Hijo es el camino hacia Mí y DAR Amor es su único mensaje. DAD todo lo que sois pues sólo así recibiréis. No excluyáis a nadie, mas dejad que cada uno siga su camino, pues todos os llevan a Mí a su debido tiempo, disponéis del que necesitéis...Sin saber cómo, nos encontramos en nuestra carcasa, nuestro cuerpo físico, nuevamente contemplando las cumbres cercanas cubiertas de blanca nieve. El espacio divisado nos empequeñeció aún más y sin embargo nos sentimos acogidos por el Amor de la tierra que pisábamos y del cielo que nos protegía con su manto de Luz.

Nos miramos, nos dimos la mano y reanudamos el camino de vuelta al Hogar. Las palabras sobraban, comprendimos el mensaje vivido unos instantes antes y sabíamos qué debemos hacer. Sonreímos mientras nuestros pies se hundían en la nieve. Meryem tomó un poco de ésta y me la arrojó, hice lo propio y nuestras carcajadas se extendían por las cimas y el eco nos las devolvía amplificadas.


Unas horas más tarde, desde la orilla del lago surgido hace millones de años en el valle cercano a la aldea, avistamos al oriente como emergía la Luna llena sobre el horizonte y al poniente el Lucero con sus destellos reflejando la luz del Sol oculto por poco tiempo.

11 - La resurrección

Escrito II
EL CONOCIMIENTO


11 - La resurrección

 
Nos trasladamos al jardín, un olivo centenario situado en su centro ensalzaba el lugar. Jeshua nos invitó a sentarnos en un viejo banco de piedra. Salió, después de unos minutos volvió con tres vasos de té con hierbabuena, nos los ofreció sentándose frente a nosotros.

—Ahora —comenzó a hablarnos Jeshua—, primera luna llena de la primavera, mi mente se traslada a un tiempo pasado, hace casi dos mil años. Eran días difíciles, pues mis palabras que aun habiendo llegado al fondo de los corazones de algunos fueron tergiversadas, mal interpretadas e incomprendidas por otros. Mi mensaje era claro y sencillo: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”.
—Aquel que dice que ama a su hermano no debe utilizar la vieja ley del ojo por ojo y diente por diente. Si realmente desea encontrar la paz en su corazón, sus palabras han de ser de paz y más importante: sus obras. Así, si desea compartir esa paz y ayudar a acabar con la verdadera injusticia, sus medios han de ser justos.
—Un manzano sano da frutas sanas, tomad de ese árbol. Muchos serán quienes llegarán en el futuro hablando de amor y paz, sus palabras debéis examinarlas con sumo cuidado, pues vendrán lobos vestidos de corderos intentando confundiros. Manipularán la Verdad. Vosotros sólo habladles de Amor, del Amor que une y que vuestras obras sean un fiel reflejo de vuestro Espíritu. A pesar de ello habrá quienes os calumnien, abominen, traicionen e intenten destruiros en nombre de la Verdad y la Libertad.
—Al igual que yo, moriréis, pues de aquellos que os dicen amar uno os traicionará. Creerá en su ceguera hacer un bien a la humanidad liberándola de falsos profetas que según él, sólo les llevan al aborregamiento, a la prisión de la mente. En su interior, aún asaltándole la duda, tomará la daga que ejecute el homicidio. Mas no sabe que ya está escrita en el libro de la Vida su traición. Que nada escapa al Creador, pues Él viendo en su libre albedrío su debilidad, contempla en su mente la traición y os avisa y aun así sé que le amáis puesto que el odio y el rencor no tienen cabida en vuestros corazones.
—Nada temáis, pues volveréis a la Vida con una fuerza que no es de este viejo mundo, la fuerza que mueve y sostiene el firmamento: el Amor.

Nos miró fijamente y continuó:

—Y recordad que nuestro Padre nos regaló la Eternidad. La muerte no es más que un paso hacia la verdadera Vida; poned el énfasis sobre la Vida y no sobre la muerte, ésta pertenece a los que fomentan el temor en sus múltiples facetas.
—La muerte separa el cuerpo en los elementos básicos de la Vida, no obstante, no es más que un proceso necesario para que toméis un cuerpo que siendo dignos de él, ésta ya no tenga poder sobre vosotros. Estaréis unidos para siempre a la Vida, seréis un solo Ser, un solo Espíritu. Un día, todos pasarán por el mismo proceso, pero aún muchas muertes físicas y sobre todo mentales han de ocurrir.
—El miedo, el temor, han de ceder su lugar al Amor.

Así es, así será.

3- La Madre

Escrito II
EL CONOCIMIENTO

3- La Madre


Llegamos a Nazaret al mediodía. Desde que despertamos no articulamos palabra, aún nos encontrábamos bajo el influjo de lo visto y oído en la noche. El Maestro nos dejó descansar hasta bien amanecido el día, sabía que teníamos que digerir lo vivido en silencio. Y como siempre, dejó que las aguas volvieran a su cauce con calma.

Los ojos del Maestro exultaban vida y, aunque siempre sonreía, ahora desbordaba alegría. Su madre —María—, la encontramos en la plaza ensimismada en la adquisición de especias, éstas le apasionaban. Siempre experimentaba en los guisos y el Maestro era su conejillo de indias y Él acababa siempre diciendo: “Madre, es el amor con que lo preparas el mejor condimento”.

Él se acercó sigiloso a su madre por detrás y le tapó los ojos con las manos, ella se volvió rápidamente, bien sabía quién era. Desde niño, cada vez que podía sorprenderla, sus encuentros se producían del mismo modo. Se abrazaron. Hacía meses que no se veían y las noticias que llegaban eran confusas y siempre temiendo que su hijo cayera en manos de los romanos, o peor aún de Herodes, rey de Judea, pues su fama de crueldad no tenía límite.

Entramos en el hogar del Maestro, de María; una morada humilde como todas las de Nazaret, donde los años transcurrían con lentitud y nada parecía cambiar. El taller de José seguía activo aún después de su muerte. Santiago, hermano del Maestro, se encargó de proseguir los trabajos a la partida de éste.

Ya sentíamos la necesidad de encontrarnos en casa y aquí se hacía realidad. Un poco de reposo y la mano de una madre se echaban en falta.

María nos trataba como a sus hijos, siempre pendiente de todo.

Al atardecer, el Maestro volvía de caminar junto a los olivares. Nos encontrábamos charlando, se sentó con nosotros.

—Recuerda Madre —comenzó Él a hablarnos— que hace un tiempo te manifesté la necesidad de dedicarme a los asuntos de mi Padre —ella aseveró con un gesto.

―Tú, Madre, junto a mi Padre, me disteis la vida; me tuviste en tus entrañas, aun teniendo carencias me alimentaste. Los latidos de tu corazón eran para mí como los rayos del Sol, siempre sentía tu calor y tus manos me calmaban cuando me agitaba.

―Los meses pasaban, los dos sabíamos que un día dejaría tu hogar para seguir creciendo en uno mayor y seguir construyendo el nuestro. No pensaste en ti en ese tiempo, tu deseo era que naciera fuerte y sano, te entregaste por completo a tan digna labor.

―Y así fue como un día vi la luz de este mundo. Un mundo que al igual que tú, ahora nos acoge a todos en sus entrañas; nos alimenta; nos cuida y nos ve crecer sabiendo que un día sentirá los dolores del parto. Dolores que vivirá con amor, pues sabe de nuestro deseo de seguir progresando y que una nueva vida es continuar con los lazos que nos unen y que nunca se separaran.

―Nuestra Madre siempre ira con nosotros allá donde vayamos. Adoptará un nuevo rostro al igual que nosotros y crecerá con nosotros, pues Ella y nosotros somos un solo ser.

―El momento del parto se acerca y el dolor no será más que un abrir y cerrar de ojos; es solamente el miedo ante la incertidumbre, el del abandono de la seguridad en el seno materno por un mundo nuevo a descubrir.

―Nada hemos de temer pues al igual que Ella, nuestro Padre nos cuida y está siempre con nosotros y en nosotros. No temamos al crecimiento, todo nuestro ser se expande pues ese es el deseo de nuestro Padre, nuestra Madre y el nuestro también.

―Cuando éramos niños queríamos ser como nuestros padres; descubrir nuevas tierras; encontrar respuestas a preguntas milenarias; ayudar a convertir el sufrimiento en gozo, dar un paso más en ese sentido hacia nuestra meta.

―Un impulso invisible nos empuja siempre hacia delante. Tomemos la antorcha que nuestros padres nos dan y no dejemos que nunca se apague la llama que nos ilumina el camino hacia el Reino de Dios. Ellos siempre irán con nosotros.

―Nuestro cuerpo cada vez será más glorioso y nuestro Espíritu gozoso de habitarlo.

Tras las palabras del Maestro, Pedro y María de Magdala se levantaron saliendo de la estancia, al poco volvieron con una sabrosa y sencilla cena preparada por María.

―¡Nada como el amor de una madre! —exclamó Juan.

Todos nos reímos.

14- Por las tierras de Judea

Escrito I
2ª parte EL AMOR


14- Por las tierras de Judea


Un nuevo día amanecía soleado.

Hoy abandonaría la ciudad de Jerusalén. Me desperté con un nombre en mi mente: Tabor. No lo dudé un instante, recogí mis pocas pertenencias que cabían en una pequeña mochila.

Me dirigí a la estación. El autocar estaba a punto de salir en su ruta hacia Nazaret. Por poco le pierdo pero… ya estoy sentado en él y dejando atrás una ciudad que siempre estará en mi corazón, a la que sin duda volveré.

Poco más de cien kilómetros separan ambos lugares, sin embargo unos acontecimientos les unen para siempre en mi alma: Tabor. El pasado vuelve a mí como si ahora estuviera ocurriendo…


El Maestro me despertó cuando los gallos aún no habían saludado el nuevo día.

—¡Juan, levanta! —me dijo en voz baja—. ¡Salimos de viaje, nos espera una larga jornada!

En poco tiempo me encontré junto a la puerta de la casa de José de Arimatea. Allí estaban Pedro, María y el Maestro esperándome.

—¡Vamos, dormilón! —entre risas me decía María—. ¡Toma este fardo, eres más joven y tienes buena espalda!

—¿Dónde vamos? —pregunté.

Nadie pareció escucharme. Nos despedimos de José, mientras el resto de la gran familia seguía durmiendo aún.

El Maestro salió a paso ligero. Tomé mi cayado y los tres le seguimos intentando alcanzarle. Enseguida dejamos atrás las últimas viviendas de Jerusalén, tomando el camino hacia el norte, el que lleva Samaria. Él redujo el paso y se lo agradecimos y al cielo también, pues unas nubes casi le cubrían por completo.


Pronto nos encontramos con una caravana procedente del valle de Hebrón con destino a Samaria y Esdrelón. El Maestro fue reconocido por algunos de sus integrantes, esto hizo que paráramos a descansar un poco y a compartir un ligero desayuno.

Nos pusimos al día sobre cómo estaba la situación en la ruta, dado que algunos la recorrían asiduamente en ambos sentidos. Parece que habría unos días de calma tras la detención de unos salteadores, así pues el recorrido sería seguro. Se discutía de la suerte de estos ladrones, todos parecían estar de acuerdo que murieran como castigo a sus desmanes.


El Maestro, que hasta entonces permanecía callado, dijo:

—¿Quién tiene la potestad de dar o quitar la vida sino el Dios que nos creó? Ningún ser humano tiene el poder de castigar con la muerte sin que acarree sobre sí una deuda que deberá saldar en el tiempo con el sacrificado.

—Ni quien robe o haga daño a otro vivirá en paz hasta que no se perdone a sí mismo, se reconcilie con él y restituya el daño que ha ocasionado.

—Todos hemos de encontrar la paz en nuestros corazones, perdonando y siendo perdonados.


Tras un largo mutismo, el Maestro se levantó exhortándonos a seguirle. Pronto dejamos atrás la caravana, aún escuchábamos en la lejanía las voces de la acalorada discusión que siguió al silencio.

El resto de la jornada transcurrió sin sobresaltos, llegando a la región montañosa del Sur de Samaria al anochecer. El Maestro nos veía agotados y a Él también se le apreciaba el cansancio.

Atrás quedaban las tierras de Judea.


Nos apartamos del camino y junto a unas rocas nos sentamos. María sacó de una bolsa pan ácimo y lo repartió. Aunque estábamos acostumbrados a comer austeramente, nuestro cuerpo nos lo agradecía.


—¡Gracias María! —le dijo Pedro.


María le sonrió. El Maestro repitió el gesto mirando a ambos. Parecía que el viaje les estaba sentando bien.

El día siguiente seguramente sería tan agotador como el de hoy, aunque no sabía el destino, intuía que se encontraba más allá de Samaria.


Enseguida el cansancio nos sumió a todos en un sueño profundo.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...