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lunes

ESCRITO II - EL CONOCIMIENTO: 1- La Palabra

Escrito II
EL CONOCIMIENTO


1 - La Palabra

“ … Su Luz nos envolvió y nos sumimos en un dulce sueño”.
Y en medio de la Luz que alumbró la noche de los tiempos una Voz escuché diciendo:

«Dios Padre.
Eterno Omnipotente.
Inmutable.
Inmanifestado.
Inmortal.
Perpetuamente Presente.
En su incognoscible meditación se preguntó: ¿Quién Soy?
Y en el Vacío no tuvo respuesta.
Quiso entonces Conocerse a sí mismo.

En el acto incomparablemente más sublime que cualquier ser creado pueda imaginar ÉL se negó a sí mismo y se entregó por completo a encontrar la respuesta.
Pronunció La Palabra y la Vida fue creada.
Así nació:
La Diosa revelada.
La Eterna cambiante.
La Madre del Universo, de todo lo conocido y lo cognoscible.
Y tanto amó Dios Padre a Diosa Madre que se hizo Uno con Ella.

Y del fruto de esa Unión nacieron dos Hijos gemelos, creados a imagen y semejanza de Ellos y poniéndoles por nombre:
VOLUNTAD a Él y AMOR a Ella.

Diosa Madre les regaló, para que vivieran y encontraran la respuesta, un Hogar: el Gran Universo.
Dios Padre les regaló todo su tiempo: la Eternidad.

Y les dijeron:
―Vivid siempre juntos y sed felices, amaos y creced, conoceos y multiplicaros. Porque conociéndoos y amándoos es como nos conoceréis y nos amaréis. Y sabiendo quienes sois, sabréis quienes somos.

VOLUNTAD DIVINA y AMOR SUPREMO se miraron, tomáronse de la mano aceptando los regalos de su Madre y su Padre.

VOLUNTAD DIVINA y AMOR SUPREMO emprendieron el viaje hacia el CONOCIMIENTO ABSOLUTO.
A su llegada al Hogar vivieron, y viven, en un Mundo perfecto en el centro del Gran Universo, cuyo eje gira sobre sí mismo en un eterno equilibrio, donde el tiempo y el espacio se unen. Alrededor suyo giraban siete Universos vacíos y desconocidos para ellos.

VOLUNTAD DIVINA y AMOR SUPREMO como resultado de su Voluntad y Amor se hicieron UNO y tuvieron siete Hijas y siete Hijos gemelos, creados a su imagen y semejanza. Les pusieron un nombre por cada pareja: Voluntad, Amor, Conocimiento, Armonía, Ciencia, Altruismo y Unificación.

A cada pareja les proporcionaron un Hogar, un Universo para que vivieran y descubrieran el significado de sus nombres.
Las siete parejas se trasladaron a vivir a los siete Universos alrededor del Mundo Central. Cada pareja en el transcurso del tiempo van amándose, creciendo, conociendo y siendo UNO. Engendraron diez Hijos por pareja, cinco Mujeres y cinco Hombres; llamados cada par: Tierra, Agua, Fuego, Aire y Espacio; en total setenta hijos.
Y los setenta, por parejas, cinco Hombres y cinco Mujeres, moraron en cinco mundos de su Universo respectivo. En total treinta y cinco mundos, en los que deberían encontrarse, amarse y conocerse, y ser al igual que sus Padres, un solo Ser.

Y en cada etapa de la Vida, a través del tiempo y el espacio los Hijos e Hijas se van encontrando y fecundando más Hijas e Hijos semejantes a ellos. Todos a la búsqueda y encuentro de sí mismos, de su par. Encuentro que sólo llega amando como hizo el Padre de los Padres: negándose a sí mismo; entregándose al otro como lo hizo Él, por amor a su par.

Por cada fusión, producido por el encuentro de un Hijo y una Hija de Dios, nace una estrella con sus mundos, que son habitados por sus Hijos e Hijas en una eterna y creciente espiral de la Vida.
Cada vez son más los mundos habitados dentro de los Universos.

Y en la voluntad de cada uno está el encontrarse con su par y responder juntos a la pregunta: ¿Quién soy?
Y Dios Padre, Diosa Madre y Dios Hija-Hijo son UNO».

Quien tenga oídos para oír que oiga.

13- El rostro de un niño

Escrito I
2ª parte EL AMOR


13- El rostro de un niño


El griterío de los niños me retornó una vez más a la vivienda de José de Arimatea. Esa mañana el tiempo parecía haberse detenido…


Unos niños entraron al patio de la casa corriendo y saltando, María les conminó a estarse quietos, ninguno parecía hacerle caso e incluso comenzaban a gritar.

Se giró el Maestro hacia ella diciendo:

—¡María! ¡Déjalos que jueguen!

Se levantó y se puso a corretear con ellos.


Estábamos varios discípulos observándoles en silencio.

Yo no paraba de pensar en sus últimas palabras: “Muchos rostros has de mostrar…un solo Espíritu les alienta”. ¿Qué querría decir?


El Maestro se volvió hacia mí sin dejar de jugar, pareció leerme el pensamiento.


—¡Juan! —exclamó—. Observa a los niños, sus rostros van cambiando según van creciendo; llegarán a ser hasta irreconocibles si durante un largo tiempo no les ves; irán reflejando la madurez de sus almas, sus cicatrices, sin embargo el mismo Espíritu les habitará. Mas no dejes de mirarles a los ojos, sabrás reconocerlos, pues son el contacto de dos mundos que viven en uno sólo.


Continuó señalando:

—¡Fíjate en sus almas inocentes, limpias! Aun así, en ellas llevan latente el conocimiento adquirido. El grado de amor que sienten es innato en ellos. Son las lecciones aprendidas con otros rostros en otros caminos recorridos. Nada se pierde para el Espíritu que les alienta.

—Mi Padre nos hizo semejantes a Él, eternos. Y eterno es el aprendizaje de sí mismo.

—El rostro del Hijo es el rostro del Padre, porque Uno es su Espíritu e infinitas sus manifestaciones. Cuando yo me vaya al Padre, algunos de vosotros permaneceréis aquí y tendréis nuevamente rostros de niñas y niños, de mujeres y hombres. Subiréis con cada rostro que mostréis un peldaño en la escala que os conduce a mi Padre, a vosotros mismos.


—¡Rabí! —le pregunté―. ¿Cómo sabremos qué hacer, qué itinerario tomar? Tú nos hablas con sabiduría, y sin embargo, nosotros nada sabemos.

Sonrió. ¡Siempre su eterna sonrisa! Me desconcertaba, me sentía como una partícula de arena en el desierto.

Prosiguió:

—¡Pequeño Juan! ¡Confía! Su Espíritu permanecerá en vosotros y sabréis cómo actuar en cada momento. Recordad quienes sois en realidad, sólo debéis amar y recordar.

—La Presencia Divina os irá iluminando según os vais desprendiendo de la herrumbre que os cubre.

—La oscuridad, la sombra, es sólo una ilusión, pero eso has de descubrirlo por ti mismo.

—Debes volver a ser un niño otra vez, porque sólo en los niños y en los que son como ellos se encuentra pura su Presencia.

—Nunca perdáis la sonrisa y la alegría del niño que lleváis dentro.


Con un chiquillo a hombros el Maestro conminaba a los demás niños a alcanzarle. Parecía completamente ajeno a la situación del mundo en que vivíamos, a la seriedad del peligro que corría y nosotros con Él. Sin embargo sólo lo parecía, una vez más me leía mis pensamientos.


Me miró y dijo:

—Nada temáis, nada ocurre bajo la capa del cielo sin que lo permita nuestro Padre, si yo quiero que algunos de vosotros permanezcáis, estáis cumpliendo su Voluntad. Ésta la aceptaréis libremente pero antes habréis de morir para el mundo. Yo os enseñaré el camino, vosotros le habréis de andar. Volveréis a nacer no sólo de la carne y la sangre sino en Espíritu.


Una vez más debía tomar aliento, el recuerdo de sus palabras me dejaban aturdido y siempre me recalcaba: “Confía”.

Sin lugar a dudas confiaba en su Palabra. Me demostró sin vacilación la certeza de la realidad de la que nos hablaba a lo largo del tiempo vivido.

El que fue al Padre no dejaba de insistir en que permanecería con nosotros, y así lo cumplió, ya que realmente nunca se fue.

domingo

12- María de Magdala

Escrito I
2ª parte EL AMOR


12- María de Magdala


El día amaneció caluroso en Jerusalén. En el hotel el aire acondicionado brillaba por su ausencia, nada parecía funcionar, quizás la metralla de la bomba que un suicida palestino explotó el día anterior afectó la instalación eléctrica. La sangre inocente seguía derramándose a cuentagotas un día sí, otro también.

Me asomé al balcón esperando que alguna ráfaga de viento desviara su camino y me refrescara. Un rayo de luz me deslumbró. Mi mente recorrió en un instante los casi dos mil años que me separaban de otro tiempo, otra Jerusalén, otra morada…


Desde la ventana de la estancia donde dormimos vi al Maestro en el patio interior de la vivienda de José de Arimatea. Un viejo olivo en el centro y un pozo era todo lo que había en él. Extraía agua María. El Maestro contemplaba en silencio sentado junto al olivo la escena, ella se le acercó con un cántaro lleno de agua:

—Rabí —le preguntó con su cálida voz—, ¿quieres un poco?

—Sí —le contestó Él—, hoy va a ser un día caluroso. La primavera está cercana y el Sol nos está bañando con su luz cada vez con más intensidad, nada le detiene en su viaje celestial.


Absorto les observaba. ¡Cuántas palabras se vertían sobre ellos sin conocimiento! Sí, era cierta la pasión que ella profesaba por la figura del Maestro, pero no difería en nada por la que otros también sentíamos por Él. Sólo algunas envidias generaban falsos rumores. Aquellos que no veían con buenos ojos que tratara el Maestro por igual a hombres y mujeres no dejaban pasar ocasión de manifestarlo públicamente. Él nos ama a todos por igual, sin ninguna distinción.

El Maestro nos conocía aún mejor que nuestros padres, sabía de nuestras debilidades y nos trataba con sumo cariño y respeto. Era paciente y no dejaba de decirnos que en cada uno de nosotros estaba en plenitud la grandeza del Universo. Claro que, no todos lo interpretábamos del mismo modo, nuestras personalidades a veces hacían que la humildad que Él nos solicitaba tan encarecidamente, no surgiera.


—¡María! ¡Descansa un poco y siéntate! —exclamó el Maestro―. Te vengo hablando con insistencia de los planes de mi Padre para con vosotros, tú especialmente tienes un papel muy importante en sus designios. El hombre lleva siglos gobernando con mano dura, imponiendo sus criterios y en la mayoría de las ocasiones anulando la sensibilidad, la belleza y la intuición que vosotras representáis. Aún queda mucho tiempo para que este desequilibrio termine, pero la semilla está plantada y sin ninguna duda germinará en su momento. Debes conservar, generación tras generación, hasta mi vuelta, la verdad que vive adormecida en ti.


—¡Rabí! ¿Dónde vas? ¿Nos abandonas? —Con preocupación preguntó María.

—Nada has de temer —sonriente le contestó―. Aunque no me veas, siempre estaré a tu lado y al lado de todas tus hermanas y hermanos. En la Casa de nuestro Padre ya están preparados los aposentos que por derecho os corresponden, nadie puede arrebatároslos.

—Los ciclos del Sol como los de las demás estrellas hay que respetarlos. Ten por seguro que la balanza se inclinará una vez más a vuestro favor y la humanidad abrirá unos pétalos más de la flor en la que os estáis convirtiendo, la más bella flor del Paraíso. Vuestras cualidades femeninas harán bien su trabajo. No lo dudes. Y después, en una armonía que nunca conoció este mundo, trabajaréis al unísono para expandir la Verdad y el Amor por el Universo. Mas antes, muchos rostros has de mostrar, pero no olvides que tras ellos un solo Espíritu les alienta, nuestro Padre vive en Él por siempre. No lo olvides María de Magdala.


Embelesado continué contemplándoles. María, con su cabello moreno al descubierto; su estatura algo superior a la media; su belleza exterior reflejando la interior, con una fuerte personalidad. Era su humildad lo que más destacaba en ella, se apreciaba que en el norte la mujer estaba mejor considerada que aquí en Jerusalén. Y Él con su túnica de lino blanco…

Llenaban de paz el lugar. No dejaba de escuchar con suma atención las palabras que el Maestro le comunicaba a María. Muchas preguntas se agolpaban en mi mente, pero no era tiempo de interrogaciones sino de vivir con intensidad cada instante junto a ellos. Él nos iba dando con sutileza y sabiduría aquello que necesitábamos en cada momento, nunca dejó de hacerlo.


Una brisa de viento helado me erizó el bello. ¡Por fin el aire acondicionado funcionaba! Me trajo a la realidad de otro tiempo, el actual. ¡Cuánta verdad y sabiduría en su Palabra! Ésta, se iba cumpliendo a través de los tiempos, pues los pétalos de la flor al calor del Sol del Padre están mostrando, aún tímidamente, el fruto que encierra, mas su perfume se extiende inexorablemente por toda la Tierra alterando el desequilibrio de siglos y siglos de oscuridad.

¡La oscuridad está desapareciendo en la Luz que la creó!


Y en la calle unos niños, judíos y palestinos, juegan juntos con una pelota ajenos por completo al mundo que les rodea, son el futuro…



10- El Templo de Jerusalén

Escrito I
2ª parte EL AMOR


10- El Templo de Jerusalén


El camino hasta Jerusalén transcurrió con relativa calma, los controles del ejército israelí hacían que la puntualidad no fuera más que una bonita palabra en el tablón de horarios de la estación de autobuses.

Otro ejército aparecía en mi mente, soldados romanos vigilaban la calzada observando a todos los que nos aproximábamos a Jerusalén. Aunque esos días éramos tantos los que nos acercábamos que no podían impedir que los “enemigos” de Roma entráramos con facilidad.

Hoy, palestinos y judíos, transitan recelosos unos de otros, el “veneno” del odio está inoculado en cada uno de ellos. Cada gesto, cada movimiento les delata. El miedo parece gobernar la Ciudad Santa. Algunos políticos y dirigentes religiosos han hecho a la perfección su labor en ambos bandos. Se respira un ambiente de calma tensa, frío y desolador.

¡Cuántas palabras pronunciadas en nombre del amor y la verdad con el único objetivo de tener dominado a un pueblo, adormecido, sojuzgado!

¡Cuánto disfraz bajo el nombre de la justicia para no querer reconocer la igualdad de todos los habitantes de esta tierra, donde nadie es realmente superior ni inferior a nadie!

Transitamos por las calles empedradas, los puestos apostados a ambos lados ofrecían sus mercancías, el griterío era constante. En aquella ocasión no estaba solo, varios amigos me acompañaban y el Maestro nos esperaba. Sabíamos que el Sanedrín se reuniría. Roma estaba nerviosa pues el imperio en oriente no iba todo lo bien que esperaban, levantamientos contra su opresión ocurrían cada poco tiempo, había que atajar el problema de raíz.

Allí estaba Él, esperándonos junto a la fuente, aún sentado destacaba por su altura y porte. Nos saludamos efusivamente, un abrazo dado con corazón, el reencuentro de viejos amigos.

―¡Vamos! exclamó Él con voz firme.

Tras recorrer varias callejuelas llegamos a la plaza central frente al Templo, subimos por la escalinata que nos adentraba en su patio. En él todos podíamos acceder, judíos y gentiles; la vida de éste era agitada en el Sabbat, el espectáculo era a veces deprimente; si fuera había puestos, dentro no cabía una aguja, todo se vendía y todo se compraba.

El Maestro se detuvo mirando con tristeza a su alrededor. ¡Continuemos! Esta vez su voz estaba apagada, su corazón permanecía turbado.

Le pregunté:

—¿Rabí, por qué permiten que esto ocurra en tierra sagrada? ¿No habría que echarlos de aquí como fuera, aunque sea a empujones y latigazos?

—Dejadles —dijo el Maestro— que ellos se ahoguen en su propia agua.

El Maestro continuó en silencio hasta el edificio del Templo, aquí ningún extranjero podía pisar, se sentó y nosotros a su alrededor. Me miró, sus ojos estaban vidriosos y, tras un silencio en que Él sólo sabe qué ocurre en su interior, comenzó a hablar diciendo:

—Nunca empleéis la violencia ni aún con aquel que te ha arrebatado tu Hogar, ninguna causa es tan importante que justifique su uso. Pues aquel que emplea la espada y lastima a su hermano, no basta con que le pida perdón, si éste no se perdona a si mismo vivirá en un infierno aquí en la Tierra. Si no lo hace así su corazón se convertirá en una dura roca. Entonces atraerá para sí lo que mal llamáis infortunio, desgracias, cuando sólo son el medio que el Espíritu emplea para ablandar y volver a hacer de carne y sangre su corazón, de luz y fuego su alma.

—Si permites que tu Templo sea ocupado por la codicia, la avaricia, la soberbia, la mezquindad, el egoísmo. Si dejas que los mercaderes del Templo se adueñen de tu Hogar y te arrojen fuera de él. ¿Qué quedará de ti? ¿A dónde irás?

—Tu Hogar, tu Templo, es la Casa de mi Padre, os fue dada para que hicierais de ella el lugar donde se reúnen el Cielo y la Tierra.

Se levantó y llevándose las manos al corazón, miró al Santuario del Templo y continuó:

—Sólo el Amor tiene cabida en la Casa de mi Padre. Todo vuestro ser, desde los pies hasta el último cabello tienen la misma importancia para Él.

—En cada uno de sus hijos dejó una semilla que debéis cuidar, dejar crecer y madurar. Su Espíritu espera pacientemente este momento, entonces se cumple su promesa de liberar a su pueblo de la esclavitud y os convertís en su Santuario Vivo, en la Tierra Prometida, la Nueva Jerusalén.

Nos quedamos sin palabras, nada podía salir de nosotros más que un sentimiento indescriptible. Miré a mi alrededor y un inmenso gentío nos rodeaba en silencio, entonces el Maestro se introdujo en el Santuario para orar al Padre, nos pidió que le acompañáramos y así lo hicimos.

9- El Mar de Galilea

Escrito I
2ª parte EL AMOR


9- El Mar de Galilea


Llegó el atardecer tras una larga jornada caminando por las tierras de Galilea. Mis pies cansados me llevaron a la orilla de un mar que me traía viejos recuerdos…


La chiquillería, alborotada tras la llegada de los pescadores con la recompensa de una jornada bajo un sol abrasador, sabía que necesitaban de su ayuda para limpiar los peces y prepararlos para su transporte. Las mujeres no se quedaban a la zaga, colaboraban y no era sólo por necesidad, un espíritu de solidaridad les embargaba a todos.

Eran los días en que el Maestro estaba junto a ellos, sus palabras habían calado hondo en muchos, tanto que cambió radicalmente sus vidas… Pedro, Mateo, Santiago…


Ahora todo era silencio. Alguna desvencijada barca en un mar que ya no era el mismo. Los aviones
sobrevolando a cielo raso, rompiendo la paz que aún se respira, rumbo norte, en no se sabe qué misión, en nombre de no sé qué paz.


«Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los limpios de corazón, los perseguidos, los que lloran…» Sus palabras están tan vivas como entonces.


No me apetecía dormir bajo un techo de hormigón, así que decidí que las estrellas me acompañarían. Los grillos ya comenzaban su cantinela y el sonido suave del agua acariciando la orilla eran un bálsamo para mi cuerpo cansado.

La primavera se dejaba entrever. La noche era templada. La vegetación se mezclaba con la árida tierra alfombrándola con su verdor. La luna creciente se asomaba a través de los montes cercanos, reflejándose su luz en las tranquilas aguas.

Me senté a la orilla dejando que mis pies se mojaran. Una vez más los recuerdos reaparecían…


Otro tiempo. La misma orilla. Mis pies mojándose como hoy, pero no estaba solo, cerca dormían como niños mis compañeros de viaje.

El Maestro se acercó, sus pasos le delataban; se sentó a mi lado, descalzándose y extendiendo sus piernas dejando que el agua las bañara. Su túnica acabó mojándose. Nos miramos y sonreímos. Volví a mis pensamientos.


—Nada temas —me dijo.

—No estés preocupado por el futuro, sin duda llegará, pero éste es el momento que estás viviendo —pareció leer mis pensamientos—, es en el ahora donde has de concentrar tus energías. Nuestro Padre sabe de tus necesidades y de las mías, nada te ha de faltar.

—En este momento, si todo tu ser lo centrarás en ver el Reino de Dios lo tendrías ante tus ojos, mas la duda no deja de cegarte. Pasarán mil, dos mil años y te seguirás haciendo las mismas preguntas… ¡Cuando la respuesta la tienes tan cerca!

—El Reino —continuó— no es un lugar al que has de llegar, ni siquiera una tierra que has de conquistar. ¡El Reino eres tú!


Me quedé un poco perplejo, no acababa de entenderle, a veces sus palabras me resultaban tremendamente enigmáticas. Parecía hablar como si estuviera dirigiéndose a los escribas y eruditos, y yo no era más que el hijo de un pescador.


—Me dirijo a ti —volvió a leer en mi mente―. Las auténticas verdades, las que nos hacen libres, son sencillas. Somos nosotros quienes para no salir de nuestra prisión tejemos una telaraña donde nos dejamos atrapar, y le ponemos nombres que ocultan la podredumbre que encierran.

—Eres libre si así lo deseas con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.

—Sólo hay un camino, el de la verdad. La verdad de que eres mi hermano. La verdad de que somos hijos del Creador… nuestro Padre.

—Él nos ha dado la vida, nos ha dado lo más preciado que un padre puede tener; se ha dado a sí mismo, se ha entregado por entero a los mundos que ha creado, se ha fundido con ellos.

—Y tú, mi pequeño hermano, no eres menos que la Luna que contemplas, ni el Sol que alumbra tus días. Él habita en ti, como tú habitas en Él. Este es el Reino que quiero que descubras, no importa si hoy o en otro tiempo, solamente depende de ti.


Le miré. Su cabello negro, brillante como la luz de la luna. Sus ojos mirándome fijamente. Los míos dejaban caer unas gotas como el agua del Mar de Galilea.

Nunca olvidaré su rostro y su sonrisa, pero más importante, nunca olvidaré sus palabras de vida:

«El Reino eres tú. Este es el Reino que quiero que descubras, no importa si hoy, o en otro tiempo, depende de ti».


Abrí el saco de dormir. Tumbado contemplé el firmamento, una estrella fugaz le recorría de Este a Oeste, de mis ojos brotaron unas gotas como el agua del Mar de Galilea.



7- La Voz

Escrito I
1ª parte LA VOLUNTAD


7- La Voz

Una Voz resonaba en mi interior:

—¡Despierta! ¡Sal de tu casa! ¡No estás soñando!


Miré a mi alrededor, no había nadie, aun así aturdido respondí:

—¿Ahora? ¡Aún es de noche!


La Voz siguió:

—¡La semilla que plantaste en tu jardín ha crecido lo suficiente para dejar ver su hermosura, sal a verla!

A medio despabilar, abrí la puerta, salí, bajé unos escalones y me encontré en medio del jardín. No veía nada fuera de lo normal por más que miraba a mi alrededor, algunos arbustos y un ciprés dejando entrever la luna llena en medio del infinito.


La Voz continuó:

—Como siempre, andas un poco despistado, no es con los ojos físicos con los que has de mirar, son los del alma los que debes usar, mantente un momento en silencio, agudiza un poco el oído y escucha.

Así lo hice, lentamente mi respiración era más pausada, aparte de ello todo era silencio. Pensé: “no escucho nada”.


La Voz me dijo:

—¿Estás seguro que no oyes nada?


Volví a “mi” silencio. Escuché entonces los latidos de mi corazón, al principio agitados, aunque la calma no tardó en llegar.

Acabé cerrando los ojos sentado en un banco. Los minutos pasaban, o eso me parecía a mí.

Una música muy suave, un sonido indescriptible pero hermoso me puso el bello de punta. Me pareció que todo se movía a mi alrededor, al instante me encontré en pie… ¡frente a mi mismo! No podía creer lo que estaba viendo, ahí estaba yo, sentado con los ojos cerrados y a la vez en pie, creía que me estaba volviendo loco. Y de pronto volví a escuchar la misma melodía, me serené sin saber cómo.


La Voz, que esta vez parecía provenir de todas partes, la volví a escuchar diciendo:

—Ya es hora que veas el ser en que te has convertido, has tardado “unos pocos milenios”, pero ha merecido la pena la espera. Pasaste penurias, sufrimientos, también momentos alegres e inolvidables, todos ellos te fueron moldeando y han hecho, has hecho de ti quien hoy eres. Lo debes a tu esfuerzo y abnegación, los que te acompañaron y acompañaste, están muy contentos.

—Hoy el cielo canta una canción, la tuya, la del ritmo de tu corazón sonando en armonía junto a miles, millones de hijos de Dios.

—Hoy ha nacido un hijo del Espíritu.


—¡Empieza a caminar!



6- Contigo gloria alcanzada

Escrito I
1ª parte LA VOLUNTAD


6- Contigo gloria alcanzada

En tu grandeza, Padre,

al ciego convirtiendo en visionario.



En sueños contemplando una realidad

trascendiendo los sentidos confinados.



Tu Espíritu habitando alma arrebatada,

gozoso éxtasis de amor sublimado,

entregada a tu Voluntad Divina,

devuelta magnificada,

transfigurada morada,

nunca más por el humano ocupada.



Únicamente Tú importas,

sólo tu Palabra.

La persona muere,

sin ti ya no es nada,

contigo gloria alcanzada.

5- Es asunto tuyo

Escrito I
1ª parte LA VOLUNTAD


5- Es asunto tuyo


Nada sobre los mares,

sumérgete en sus profundidades,

sus corrientes te llevarán de un lado a otro.

Cuando domines el arte de la natación,

podrás andar sobre las aguas,

entonces mira hacia el cielo.


Contempla como vuelan las aves,

extiende tus brazos,

se convertirán en alas;

nada temas,

toma impulso y únete a ellas;

se alegrarán de tu llegada y te enseñarán el arte de volar;

lo demás es asunto tuyo.

4- Ayer me contaron

Escrito I
1ª parte LA VOLUNTAD


4- Ayer me contaron


Ayer me contaron que…

junto al olivo, símbolo de paz,

unos ojos entristecidos descubren a un amigo,

Aquel que siempre está cuando se le necesita.



Sus ojos negros, penetrantes y profundos.

Su rostro con las huellas de tantos caminos recorridos

y sin embargo terso y firme;

juvenil y maduro a la vez, lleno de sabiduría.

Su cabello azabache, mecido por la brisa,

y su sonrisa,

infunden serenidad y bonanza.



Los pensamientos desordenados de quien le observa

los hace suyos.

La confusión desaparece por completo con sus respuestas sin palabras, llenas de vida y amor.



Una Voz que resuena con nitidez en su interior

le habla de esperanza;

de la realidad divina;

del espíritu unido a tantos y tantos espíritus;

de confianza de que Su palabra se cumplirá.



Nunca se fue,

está en cada uno de nosotros,

ahora más que nunca.



miércoles

3- El Hijo pródigo

Escrito I
1ª parte LA VOLUNTAD


3- El Hijo pródigo


¿Cómo expresar con palabras lo inconmensurable,

compartir el gozo, el deleite,

la complacencia,

del encuentro con la divinidad inmanente?



Solo, en el silencio, escucho tu himno de alabanzas:



¡Alabados sois, porque veis el Reino en medio de la iniquidad!

¡Alabados sois, porque aun no siendo del mundo lo dais todo por él!

¡Alabados sois, porque os creé a todos semejantes a Mí!

¡Alabados sois, hijas e hijos míos, porque allanáis el camino al Maestro, vuestro hermano!

¡Alabados sois, hijas e hijos del Amor, en Mí vivís por siempre!



Tu fuego purificador ha sanado a la ignorancia

convirtiéndola en luminiscencia.

El rayo de tu luz señala el camino a seguir.

El encuentro celestial ya no es una quimera.



Hoy, aquí y ahora,

vives en cada uno de nosotros.



Hoy, el hijo pródigo vuelve a casa.





2- Padre

Escrito I
1ª parte LA VOLUNTAD


2- Padre



Padre,

en este mundo donde tanto se habla de ti,

unas veces con bondad,

con conocimiento y amor,

otras con vanidad e ignorancia.

Donde muchos se autoproclaman seguidores de la verdadera iglesia y rechazan sin dudar a su hermano.

Donde te catalogan y establecen normas que tus hijos

nunca manifestaron.

Un dios creado a medida del humano,

Un dios frustrante e inalcanzable.

Un dios que nada tiene que ver contigo,

Padre.



Tú, Padre, hablas de hermandad,

de un solo cuerpo integrado por todos tus hijos;

donde no hay primeros ni últimos;

donde no vamos a ninguna parte porque ya estamos;

donde tú te manifiestas.



Los hijos que bien te conocen,

nos hablan de la fuerza del amor frente a la barbarie de la sinrazón.

Nos hablan de esperanza,

de una realidad tangible

sólo con dejar un pequeño espacio a la posibilidad de lo imposible.



Tú, Padre,

estás aquí entre tus hijos porque nunca nos abandonaste.

Nos creaste a tu imagen y semejanza.

Y hoy,

aquí y ahora podemos conocerte,

conocernos si así lo anhelamos con la suficiente

humildad de corazón.

1- Hoy aquí

Escrito I
1ª parte LA VOLUNTAD


1- Hoy aquí


En las playas del Universo,

tras los vientos de la tarde,

en medio de la soledad te encuentro sentado junto a mí.



Me hablas de grandes propósitos,

de esperanzas.

Me dices que cuentas conmigo,

con este pequeño anciano que nada sabe hacer en este mundo,

con todos.



Sólo tengo mi tiempo

que comparto contigo y el destino,

con calma y sosiego,

inquietud y temor.



Nada poseo.

Mis manos vacías están.

No tengo sabiduría.

Sólo sé que nada sé,

mas en tus manos deposito mi pequeño espíritu

para que con él haga nuestro Padre su voluntad.



Hoy aquí, mañana no lo sé.



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